A LA JUVENTUD

Por: Jairo López Saleme – abogado, Magíster en Ciencia Política y Gobierno

Esta columna, en la que procuré escribir con mucho tacto sobre los jóvenes, es un grito de apoyo al tesoro invaluable de la juventud, condición que muchas veces es desaprovechada y reprimida. Esto me transporta al panorama del contexto laboral colectivo, donde, si no hay experiencia es difícil adquirir un trabajo. Lo anterior traduce que los jóvenes no tienen facilidad de encontrar un trabajo, y precisamente esta situación, como muchas otras, fue la causa que los llevó a la protesta.

Mucha gente opina a la ligera sobre la juventud. En particular me resulta interesante y complejo a la vez entender la condición actual que viven los jóvenes. Este proceso transitorio de edades, donde la conducta del ser humano es totalmente cambiante, no es más que el modelamiento de la personalidad de todo ser humano. Es aquí donde se encuentra el verdadero tesoro, y consiste en encontrar el potencial de la condición de ser joven y catapultarlo hasta que se vuelva una fortaleza social.

Tristemente cuando se habla de un joven, de manera automática se relaciona con rebeldía y desorden, aparte de otras formas despectivas en las que hoy se encasilla la juventud.

Si hacemos un breve recorrido por los gobiernos, podemos encontrar que hay muchos mandatarios que todavía rozan la juventud, aunque también esté claro que no han sido en su totalidad los mejores, han dejado presente que pueden alcanzar condiciones que al juicio popular solo serían obtenidas por personas adultas o para quienes se asoman a la vejez.

Según los conceptos de los pensadores sobre qué o quién es joven, se encuentra que un joven está entre los 15 a 27 años de edad.

En esta edad es donde hay condiciones humanas excepcionales: la energía, la tenacidad, hasta la misma impulsividad, podrían volverse un arma de fortalecimiento personal y profesional, pero, todo esto se queda en la nada; en este tramo de edades el respaldo institucional es casi nulo e inoperante.

Jóvenes profesionales, algunos con especialización y maestrías, aumentan la cifra de desempleo en el país. La absurda condición de exigir experiencia a quienes se les ha negado, es la cruz donde ubican a los jóvenes y los llevan a rebajarse hasta el punto que terminan dejando de lado su formación académica y social para poder acceder a la remuneración de alguna labor.

Cuando se escuchó el grito de protesta de las manifestaciones que desde el 28 de abril del 2021 se suscitaron, debe quedar claro que quienes se volcaron a las calles fueron los jóvenes, que paradójicamente también marchaban por los derechos de adultos y ancianos. Luego de que estas manifestaciones cogieron forma, un grupo mayormente de adultos, quienes se autodenominan comité del paro, dijeron que en ellos estaba la responsabilidad de hacer negociaciones con el Gobierno, pero la realidad fue que los jóvenes también protestaron por no sentirse representados en ese comité. Dejando claro que activistas y promotores iniciales de las marchas eran jóvenes y que debían estar en esa mesa de diálogo.

Ya hace varios años que se trata de atraer a los jóvenes, y se habla de ellos como el futuro de la sociedad, tanto así que el mismo papa Francisco dice que son el presente ya, que es Dios quien quiere que sean el presente. El Papa los invita a que no pierdan la alegría y la libertad de sus vidas, que armen lío y lo ayuden a desenvolver. Para resolver lo difícil que es definir quién o qué es lo joven, el Papa dice que más que una edad es un estado del alma, porque hay muchos jóvenes que tienen actitud de cansados y mayores que tienen actitud de transformación y cambio; por esto invita a los jóvenes para que ese dinamismo y alegría de la vida lo pongan junto a la experiencia del mayor, ya que es la sabiduría de la vida a la cual ellos deben escuchar, para que la sociedad funcione definitivamente, que no sea de solo adultos que piensan por los jóvenes, o de jóvenes que descartan a los mayores.

Entonces, lo anterior me da un concepto de juventud bastante diferente a lo que hoy se tiene. El joven desempleado, el joven que ha caído en la droga, el joven que delinque, el joven que no hace parte de procesos de desarrollo, todas estas situaciones de la juventud no son más que el reflejo de un Estado poco inclusivo, un Estado ausente desde la niñez e incapaz de garantizar espacios productivos de la sociedad joven.

Es el momento de buscar la comprensión de las actitudes de la juventud, de saber escuchar los gritos de unos muchachos presos de la voluntad de la gente adulta, que ha creído que el joven es muy contingente y hay que esperar a que madure.

Mi invitación es para todo ese grueso de jóvenes, para que con esa misma tenacidad se tomen la economía, la educación, la política y, por ende, el desarrollo de este país. Vienen elecciones, momentos cruciales para el país, donde estoy seguro que la juventud jugará un papel fundamental, papel que a ciegas yo apoyaré.

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