Médico dice que es esencial saber el origen del COVID-19 o habrá COVID-26 y COVID-32

La advertencia surge en medio de la creciente teoría de que la pandemia es el resultado de la fuga de un experimento en un laboratorio chino.

El médico Peter Hotez, codirector del Centro para el Desarrollo de Vacunas del Hospital Infantil de Texas, manifestó que es “absolutamente esencial” conocer cómo o de dónde surgió el coronavirus que golpea al mundo.

“Habrá COVID-26 y COVID-32 a menos que comprendamos completamente los orígenes de COVID-19”, declaró en Meet the press de NBC.

“Esto es absolutamente crítico y lo que se necesita”, reiteró el experto.

Su pronunciamiento se da en medio de la teoría que cada vez toma más fuerza de que el COVID-19 podría ser el resultado de experimentos científicos.

Aunque las pruebas que vinculan el SARS-CoV-2 con el Instituto de Virología de Wuhan, en China, son estrictamente circunstanciales, varios expertos quieren que se endurezcan los controles en estas instalaciones por temor a que las fugas accidentales puedan desencadenar la próxima pandemia.

Hay 59 instalaciones de primer nivel

El laboratorio de Wuhan pertenece a la categoría más segura, comúnmente denominada nivel de bioseguridad 4, o BSL4.

Estos laboratorios están construidos para trabajar de forma segura con las bacterias y los virus más peligrosos que pueden causar enfermedades graves para las que no hay tratamiento ni vacunas conocidas.

“Hay sistemas de filtración HVAC para que el virus no pueda escapar por el conducto de escape; cualquier agua residual que sale de las instalaciones es tratada con productos químicos o con altas temperaturas para asegurarse de que no hay nada vivo”, explicó Gregory Koblentz, director del Programa de Posgrado en Biodefensa de la Universidad George Mason.

Los propios investigadores están altamente capacitados y llevan trajes para materiales peligrosos.

Hay 59 instalaciones de este tipo en todo el mundo, según un informe del que Koblentz es coautor.

Los accidentes sí ocurren

En las instalaciones de máximo nivel a veces pueden ocurrir accidentes y con mucha más frecuencia en los laboratorios de nivel inferior, de los que hay miles.

El virus H1N1 humano se filtró en 1977 en la Unión Soviética y China y se extendió por todo el mundo.

En 2001, un empleado con problemas mentales de un laboratorio biológico estadounidense envió esporas de ántrax por todo el país, matando a cinco personas.

Dos investigadores chinos expuestos al SARS en 2004 propagaron la enfermedad a otros, matando a uno.

En 2014 se descubrió un puñado de viales de viruela durante una mudanza de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos.

Lynn Klotz, investigadora principal del Centro para el Control y la No Proliferación de Armas, lleva muchos años dando la voz de alarma sobre las amenazas a la seguridad pública que suponen estas instalaciones.

“Los errores humanos constituyen más del 70% de los errores en los laboratorios”, declaró.

El camino a seguir

Nada de esto significa que el COVID-19 haya salido definitivamente de un laboratorio; de hecho, no hay pruebas científicas sólidas a favor del origen natural o de la hipótesis de un accidente de laboratorio, dijo el biólogo molecular Richard Ebright, de la Universidad de Rutgers.

Pero hay ciertas líneas de evidencia circunstancial a favor de esta última. Por ejemplo, Wuhan está a unos mil kilómetros al norte de las cuevas de murciélagos que albergan el virus ancestral, muy lejos de la zona de vuelo de los animales.

Sin embargo, se sabe que los científicos realizaban viajes rutinarios a esas cuevas para tomar muestras.

Alina Chan, bióloga molecular del Instituto Broad, manifestó que no había indicios de que la investigación de patógenos de riesgo haya decaído tras la pandemia; de hecho, “posiblemente se haya ampliado”.

El año pasado, Chan publicó una investigación que mostraba que, a diferencia del SARS, el SARS-CoV-2 no estaba evolucionando rápidamente cuando se detectó por primera vez en humanos, otra pieza de evidencia circunstancial que podría apuntar al origen de laboratorio.

Chan se considera una “indecisa” en cuanto a las hipótesis que compiten entre sí, pero no es partidaria de prohibir las investigaciones de riesgo por temor a que pasen a la clandestinidad.

Una solución “podría ser tan sencilla como trasladar estos institutos de investigación a zonas extremadamente remotas”, dijo.

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