Ganamos las mujeres: habrá paridad en las listas a las elecciones

Una de las leyes más importantes en una democracia es la que define las reglas de juego para asegurar que la integración de los órganos de poder político sea resultado de elecciones libres, periódicas y competitivas que reflejen fielmente la voluntad de los ciudadanos, según la clásica fórmula del economista austro-americano Joseph Schumpeter. De ahí la relevancia del nuevo Código Electoral Colombiano, aprobado por el Congreso de la República después de ser debatido y enriquecido, y respaldado decididamente por la mayoría de los partidos y movimientos políticos.

Con 276 artículos, parte de una premisa obvia cuya reiteración no es innecesaria: elegir y ser elegido es un derecho humano constitucional de todos los ciudadanos que debe ser interpretado expansivamente. Gracias a la iniciativa del Gobierno, la Registraduría Nacional del Estado Civil y el Consejo Nacional Electoral, y a la determinación de todas las bancadas, la ley pone a Colombia, la democracia más estable de América Latina (incluso cuando ésta era la tierra del golpe de Estado), a la vanguardia de las democracias modernas.

La nueva norma regula el derecho al voto y promueve su ejercicio mediante incentivos audaces, como descuentos en matrículas y en trámites ante el Estado. Define mejor las funciones de las autoridades electorales y fortalece su capacidad en todo el territorio nacional sin caer en derroches burocráticos. Involucra, además, activamente a la ciudadanía en las elecciones dándole responsabilidades. También actualiza la normativa sobre registro civil y censo y domicilio electorales, y hace más estrictas las sanciones a quienes pretendan alterar la decisión de los colombianos mediante el trasteo de votos y otros tipos de fraudes. Reglamenta detalladamente la inscripción de candidaturas y la elaboración de listas fortaleciendo el sistema de partidos y la participación democrática, sin facilitar la atomización y creación de partidos de garaje que falsean la representación política.

Lo cierto es que dimos un gran paso. Por eso como integrante de la bancada con la mayor cantidad de mujeres en el Congreso me siento orgullosa, porque, sin duda, la cuestión más trascendental para Colombia es la cuota de género ordenada por el artículo 84. Luego de un apasionante debate en el que se expusieron argumentos constitucionales, alusiones a la representatividad política, a las necesidades de respetar la libertad del elector y reconocer liderazgos forjados con esfuerzo, se acordó que ahora las mujeres integraremos, como mínimo, la mitad de las listas de candidatos de cada partido para elegir corporaciones de cinco o más curules; y, cuando se trate de escoger corporaciones de menos de cinco curules, el treinta por ciento.

Quienes nos tomamos en serio la igualdad entre hombres y mujeres, y entendemos que no es aceptable pasar por encima de la intención del elector y que el sexo no es el factor determinante de muchas personas para escoger a un candidato, celebramos esta decisión. Sabiamente, el Congreso de la República rechazó una proposición populista que pretendía que las curules en las corporaciones públicas se asignarán paritariamente con independencia del resultado de la elección. Qué bien que el Congreso no aceptara hacer populismo con las mujeres. Con esta decisión, no solo ganamos nosotras, sino que se impusieron la igualdad y la libertad.

Este código también trata rigurosamente sobre la publicidad política y las encuestas de manera que no se manipule la voluntad del elector ni se socave la libertad de expresión. Regla el desarrollo de las elecciones (¡tendremos una hora más para votar!) y especifica mejor las tareas de jurados, testigos y observadores electorales. Incorpora también disposiciones sobre el uso de tecnología para efectos de identificación y autenticación de personas y con fines electorales. Precisa las medidas para proveer faltas de funcionarios elegidos y el régimen de elecciones atípicas (las que se realizan en fechas extraordinarias). También reitera y profundiza el mandato de capacitar al elector y promover la democracia.

Nuestro nuevo Código Electoral no es insuperable. Como toda obra humana, es perfectible. Mas no es exagerado decir, sin sonrojarnos, que el sistema político colombiano se hará más democrático, más inclusivo, más igualitario y más justo.

Encima. Los colombianos debemos sentirnos orgullosos del presidente Iván Duque y el ministro de Salud Fernando Ruiz por las 40 millones de vacunas contra la COVID-19 que permitirán comenzar la inmunización de nuestra población en los primeros meses de 2021. Algunos seguramente criticarán al Gobierno por hacer su trabajo, porque su éxito es el fracaso de una nación. No nos confundamos escuchándolos: mejor no bajemos la guardia y sigamos cuidándonos.

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