Soad Louis dejó una huella imborrable

El pasado 26 de agosto se secó la pluma de quien fuera en vida la primera mujer escritora de Córdoba. Soad Louis Lakah, autora de títulos como: Razones de peso, Los caprichos de Dios y La Lío y otras mujeres.

Aunque deja un gran legado, su inesperada partida deja entre quienes la conocieron un gran vacío.

En este sentido, la periodista de El Universal, Nidia Serrano, publicó una hermosa semblanza que pone en contexto a las nuevas generaciones sobre el espíritu de esta gran escritora.

“Ella no escapaba a las situaciones cotidianas simples. Era sencilla y alejada de toda vanidad, le gustaba ver películas, programas gastronómicos y culturales, amaba estar con sus nietos, consumir un buen café por las mañanas y tener todo en absoluto orden.

Su voz era tranquila, su mirada apacible, amaba la cultura y las letras. Su mejor opción de vida fue convertirse en una escritora, su fascinación por contar historias fue su fuente de vida, desde que su vida apenas comenzaba

Desde pequeña se sintió atraída por el mundo de la narración. Escuchaba las historias que contaban sus tías y los cuentos que referían en los velorios de su natal Ciénaga de Oro. En ese momento, ella desconocía si eran reales o no, pero le causaban asombro.

Su padre se convirtió en el mejor referente de su vida. Ese árabe que había llegado a tierras cordobesas, la sentaba en sus piernas, cuando apenas era una chiquilla, y se pasaba horas enteras contándole cómo había sido su vida en ese país, sus costumbres, su gente y la belleza de esa tierra lejana.

Escuchaban noticias, música y conversaban como dos adultos. Allí empezó su gusto por la narración. Ese fue el inicio de lo que sería una carrera fructífera en las letras y que la llevaría amar la cultura cordobesa y la de la tierra de sus ancestros.

Razones de peso, Los caprichos de Díos y La Lío y otras mujeres nacieron de su profunda necesidad de contar los aconteceres cotidianos. También plasmó la historia cultural de la inmigración árabe en América y sus repercusiones sociales y culturales. Se convirtió en la escritora y en la gestora cultural más importante de las últimas décadas.

Amó más que a nadie en el mundo a sus hijas Antonella y Luisa y enloquecía por sus nietos. Ella insistía en que estaba empeñada en enseñarles la necesidad de compartir, de ser unos buenos seres humanos, de ser caritativos y de amar con intensidad.

La Turquesa Morena, como la llamaban sus amigos, el escritor David Sánchez Juliao y el compositor Pablito Flórez, nació en Ciénaga de Oro, un 23 de septiembre de 1952. Luchó por sus sueños y fue una batalladora incansable. Sin embargo, esta vez no le alcanzaron las fuerzas.

Después de permanecer varios días recluida en una Unidad de Cuidados Intensivos, se despidió de este mundo terrenal al que tantos aportes le hizo. Voló tan alto como pudo, dejando un gran dolor entre sus familiares, amigos y en el mundo de las letras cordobesas.

Hoy Córdoba entero llora su partida. No habrá homenajes, ni grandes séquitos para su despedida porque la pandemia cambió la dinámica y la tradición, pero su huella, sus letras, su sencillez, su amor por la buena mesa, su gestión como secretaria de Cultura de Córdoba y su ejemplo de mujer aguerrida, será un legado que jamás se olvidará”.

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