Tres hermanos y estudiantes UniCórdoba ‘combaten’ la deserción de estudiantes rurales

El deseo de superarse para ayudar al prójimo es el mejor provecho que los hermanos Díaz Torres le han sacado a la guerra y al desplazamiento, dos escenarios de la realidad de un conflicto que hace cerca de 60 años llegó al sur de Córdoba sin tiquete de regreso.

Cuando describen lo que hacen actualmente por los niños de la vereda La Floresta, jurisdicción del municipio de Sahagún, demuestran que no les duele el recuerdo de noches y días debajo de las camas, sin poder llorar, sin poder comer y sin poder clamar auxilio, porque lo importante era seguir con vida mientras se superaban largos ratos de hostilidad.

Esta historia se remonta, poco más de una década, al corregimiento San Juan, Puerto Liberador, región asechada históricamente por grupos armados ilegales que se disputan el territorio, de donde los Díaz Torres salieron en el 2005 y se situaron en La Floresta, gracias al respaldo de familiares y amigos.

John Freddy, Yani Luz e Indi Vanesa, se perfilan como una familia de académicos, bajo el sacrificio madrugador y trasnochador de sus padres, Luis Díaz Pinto y Yenis del Carmen Torres.

Impulsados por la pasión de enseñar, heredada del progenitor, ahora son estudiantes de Licenciatura en Educación Infantil, de la Universidad de Córdoba y los protagonistas de otra guerra sin sangre, en la que, por culpa de la Covid- 19, se combate la deserción de niños que estudian en escuelas rurales.

En el hogar campesino de La Floresta, John Freddy, Yani Luz, ambos en quinto semestre, e Indi Vanesa, en sexto semestre, reciben con todos los protocolos de bioseguridad, a un grupo de diez niños del pueblo a quienes, tres veces por semana, orientan con las tareas virtuales y fichas técnicas que deben desarrollar para no perder el año escolar.

“Los niños de esta zona no tienen acceso a Internet, sus padres en ocasiones no tienen el tiempo para orientarlos y en algunos casos tampoco cuentan con la formación para hacerlo. Así surgió la idea de abrir una especie de escuelita en casa. Son niños de diferentes grados de la básica primaria y uno de octavo, es un proyecto que nos ha enriquecido la experiencia como docentes y ha sido una forma de canalizar buenas energías”, explica Indi, en medio de una dificultosa conversación por celular, desde la vereda, a 20 minutos de Sahagún.

Esta otra victoria la comparten los futuros licenciados en Educación Infantil con su hermana Adriana Lucía Díaz Torres, graduada el año pasado de la Unicórdoba, como licenciada en Educación Artística – Música.

Adriana también ayuda en la labor docente debajo de frondosos árboles de mango, níspero, cereza, y ranchos de palma que sirven de aulas al aire libre, con estudiantes separados a varios metros, pero unidos por la pasión de los profesores Díaz Torres.

La iniciativa les permite además, ofrecerle un ambiente escolar en casa al menor de los hermanos, que solo tiene 8 años.

«La historia de nuestra familia ha sido muy compleja, en aquel entonces salimos de San Juan huyendo de la violencia, pero gracias a Dios hoy estamos sirviendo a la comunidad con esta iniciativa y por eso, aunque con mucho esfuerzo, nos hemos preparado para ser profesores. Tenemos el deseo y las ganas de ayudar a quienes están en condiciones menos favorecidas, con lo poco que tenemos», resume Adriana Lucía.

Para ellos no ha habido barreras, tanto las han sorteado que en cada pico y cédula los hermanos unicordobeses van hasta el perímetro urbano de Sahagún a obtener Internet para descargar videos, ingresar a plataformas y otras necesidades virtuales que requieran los pequeños.

John Freddy está convencido que los niños de su vereda son merecedores de una educación de calidad, íntegra, competitiva, moderna y eso lo anima en cada jornada a entregar lo mejor de sí como un docente en formación.

«Hemos querido proporcionar a los niños del pueblo los recursos necesarios, con nuestros celulares, para ayudarlos a cumplir con las tareas en medio de esta crisis por el Coronavirus. También es el momento para fomentar esta iniciativa en los compañeros que se forman como futuros licenciados, quienes se encuentren en veredas y zonas dispersas, para que compartan el conocimiento», expresa John Freddy.

El sello unicordobés está bien refrendado en esta familia, tanto que Angie, otra de las Díaz Torres, estudia en esta institución Administración en Finanzas y Negocios Internacionales y si la dinastía de preferir la institución perdura, el pequeño de 8 años también será formado por esta alma mater, otra sobreviviente de la guerra que fortaleció a los hermanos que en tiempos de Coronavirus enseñan gratis a los niños de La Floresta.

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