Lecciones del Mejor Agricultor para un Año Nuevo

Por: Esp. José David Ramos Buelvas

Quiero contarles una parábola narrada en el Evangelio de Marcos 4: Jesús continuó:
«El reino de Dios se parece a quien esparce semilla en la tierra. Sin que éste sepa
cómo, y ya sea que duerma o esté despierto, día y noche brota y crece la semilla.

La tierra da fruto por sí sola; primero el tallo, luego la espiga, y después el grano
lleno en la espiga. Tan pronto como el grano está maduro, se le mete la hoz, pues
ha llegado el tiempo de la cosecha».

Jesús cuenta esta parábola a sus seguidores para explicar la forma en que su Reino
crece, pero quiero tomarla para hablar algo diferente a lo acostumbrado teniendo
en cuenta la época de fin de año que estamos viviendo. Siempre es bueno tomar
un momento para reflexionar sobre los aspectos trascendentes de la vida y sobre la realidad de que las cosas que hacemos tienen un trasfondo que va más allá del simple hecho de repetir una actividad una, otra y otra vez.

Definitivamente la tarea agrícola nos muestra aspectos fascinantes en cuanto a la fe y la esperanza que cada agricultor tiene al momento de plantar la semilla en la tierra.

Es cierto que el productor agrícola debe prepararse para llevar a cabo su oficio de
la mejor manera, debe actualizarse, adquirir las herramientas materiales e intelectuales, adecuar y preparar la tierra, comprar las semillas e insumos debidamente aprobados por la entidad de vigilancia y control, hacerle un
seguimiento permanente a su cultivo y realizar las tareas de cosecha y poscosecha necesarias para que el comprador del producto se sienta satisfecho con éste.

Todo lo anterior es un imperativo para el agricultor, pero también es cierto que todo lo que le sucede a ese ser vivo que él plantó sólo ocurre si hay un ser superior que lo permite.

Como dice la parábola, el agricultor no sabe lo que está pasando en lo más íntimo de las células de cada planta, él sólo ve las expresiones que éstas manifiestan en cada etapa de su desarrollo y evalúa de acuerdo a las labores hechas sobre ellas. A pesar de esto el agricultor mantiene su fe o algunos casos puede perderla.

Quien mejor que el Creador de todas las cosas para enseñarnos agricultura, pero mejor aún para enseñarnos que debemos mantener la fe y la confianza en Él. En la presente cosecha algodonera hemos visto situaciones que ponen a dudar a los agricultores, la plaga, el clima y hasta los precios pero mi llamado es a que no
pierdan la fe y la confianza en aquel que creó el algodón y que tiene toda la capacidad de sacar adelante una cosecha por más difícil que parezca.

De la misma forma que pasa con la vida de cada planta, pasa con nuestra vida, así
que es necesario poner en las Manos del Todopoderoso todo nuestro ser, de
manera que permitamos que Él haga de nosotros instrumentos para su propósito.

Que Dios permita que el próximo año sea el mejor para las familias de nuestro
departamento y nuestro país, y Dios permita que todos podamos seguir aprendiendo

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