Falleció Jorge Eliécer Gómez Guerra

Por Fernando Rivas Villadiego

En el mes de enero, comenzando el año, estuve con mi hermano en el Cedro un corregimiento del municipio de Cereté, dónde llegamos en bicicleta después de 45 minutos con “el mako”, recordando esos recorridos que de jóvenes y niños hacíamos por la Ribera del caño bugre.
Pero precisamente llegamos al Cedro, a esa casa rosada porque mi hermano Mako tenía el compromiso de una visita desde hace rato al tío Eliécer Gómez Guerra.

Fue su compañero de vida de muchas enseñanzas y con él tenía un contacto permanente y una amistad vieja desde la finca samarcanda, vía Montería.

Ahí donde llegué con la lengua afuera tras el esfuerzo de montar bicicleta por una vía sin pavimento, traimos a cuento los recuerdos de tiempos pasados. El tío Eliécer se reía a carcajadas, era una carcajada sinuosa, era una carcajada de tono grueso y llena de alegría, estaba feliz porque tenía al frente a su amigo el Mako y a su sobrino Fernando, venido de Bogotá.

Fue una visita de hora y media donde Carmen su esposa esmerada y sus hijos nos ofrecieron un tinto endulzado con panela y nos dieron galleta de limón. La pasamos maravilloso, sobre todo porque traimos a hoy los cuentos del pasado de la familia, del abuelo Fena  y esa bella finca de San marcanda, Dónde quedaron sembrados los recuerdos de la infancia.

Ayer cuando me llamaron de Cereté, llegó la noticia que mi tío Eliécer había fallecido producto de un paro cardíaco que no le permitió levantarse desde el pasado miércoles, me dice uno de sus familiares que tenía un mal de estómago y se había tomado un Gatorade y que eso le habría acelerado su estado delicado de salud y que de urgencia había sido llevado a la Clinica Zayma, ahí en Montería, justo en el mismo piso donde murieron mis padres Manuel y Eufemia.

Eliécer, mi tío, contaba con 74 años, era un hombre de una cejas pobladas y era un hombre afable con su amistad. A Carmen, Arístides, Rafaela, Jorge, a todos sus hermanos nuestras condolencias en este momento.

Tío eliécer, El Mako y yo, siempre te recordaremos por esa amistad respetuosa y sencilla con mi madre Geña, así le decías.
Paz en tu tumba.

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