Reconocido peluquero en Córdoba asegura que dejó de ser gay

El popular peluquero de Córdoba, Jhon Jairo Coneo Salas, conocido como Jhon Bololó, dio a conocer detalles de su vida, entre ellos, el por qué intentó matarse.

Su vida fue todo un bololó y lo admite. Desde que nació hace 49 años en el corregimiento de El Limón, en Canalete (Córdoba), su existencia ha sido un ‘corre corre’ y hoy tiene un cambio total.

Aunque las organizaciones defensoras de los derechos de las comunidades Lgtbi han dicho que la orientación sexual no se cambia de un día para otro, en Colombia se conocen varios casos de personas que afirman que han dejado de ser gais por su creencia religiosa.

En el 2014 el bailarín y coreógrafo Nerú Martínez expresó que ya no le gustaban los hombres. Hace unos meses hizo su revelación el chinuano Óscar Naranjo, quien participó en un reality de un canal de televisión nacional.

Hoy, es el popular peluquero Jhon Jairo Coneo Salas, conocido como Jhon Bololó, quien afirmó que “gracias a Dios” dejó de atraerle los hombres y espera terminar su vejez casado al lado de una gran mujer.

Nació con tendencias delicadas

Coneo Salas llegó a Montería cuando tenía 11 años de edad y a los 13 años, una hermana por parte de padre, se lo llevó para la Capital de la República, donde se especializó, siendo aún niño, en el arte de la peluquería estudiando en las academias La Francesa y La Gran Colombia.

También se capacitó en países como Argentina, Uruguay y Perú.

Lo que más recuerda de su infancia fue su delicadeza para hacer los oficios. Cuando llegó a Montería, una ciudad -según él- machista, tuvo un cambio fuerte en su vida.

“(…) Yo nací con tendencias muy delicadas y finas. Y a mis papás a veces les molestaba que yo fuera muy delicado, para mí eso hoy es una anécdota, entonces mi mamá me mandaba a que fuera a cortar leña, a buscar a los burros. Eso no me gustaba, me quedaba parado mirándola y de pronto me decía ‘vaya a lavar los platos’, entonces salía corriendo a hacerlo. Estos son recuerdos muy chistosos que traigo a mi mente con mucho amor”, expresó el peluquero que tuvo su negocio inicialmente en el barrio Colina Real, luego en El Prado, y actualmente en Costa de Oro, en Montería.

En entrevista exclusiva con el Grupo de Comunicaciones El Meridiano pidió perdón por su vida excéntrica y lanzar, hace años, la frase: “La mujer que me quiera tiene que compartirme con un hombre”. También confesó por qué estuvo a punto de suicidarse y cómo salió del ‘hoyo oscuro’ en el que se encontraba.

¿Después de ser gay se puede volver a ser macho-macho?

“Sí, por supuesto, sí se puede volver a ser macho-macho porque Dios nos crio hombre y mujer. Solo, que hay tendencias y existe algo que se llama espíritu engañoso. Sí se puede porque todo lo podemos en el nombre de nuestro padre amado, él nos libera. Cambió mi vida, me sacó del hoyo y del lodo cenagoso, de las tinieblas. Hoy estoy feliz, y siento que me liberó del espíritu del homosexualismo, de la mentira, hechicería, brujería. Yo estaba en un mundo equivocado y hoy me siento liberado, gozando de una vida maravillosa, plena, con libertad, sin miedo. Estoy muy agradecido con Dios porque tuvo piedad y misericordia de mí, me tomó, me acogió y hoy soy una nueva persona”.

¿Cómo se duerme uno diciendo “me gustan los hombres” y despierta afirmando “me gustan las mujeres”?

“Como lo había dicho, solo Dios nos puede cambiar y el pasado para mí ya quedó enterrado. El homosexualismo para mí no existe y lo siento así. Hoy voy por la calle y por más apuesto físicamente que esté un señor, un caballero, ya no siento ningún deseo, porque Dios me liberó”.

Pero, obviamente respeta la condición de todas las personas que son gais…

Totalmente. No tengo nada contra las personas que son gais, homosexuales, no tengo nada en contra, las respeto, pero yo hoy no participo en eso”.

¿Qué dicen sus hijos, sobre ese cambio?

“Mi familia, sobre todo mi mamá y mis hermanos, muy sorprendidos y agradecidos con Dios con el nuevo cambio que me ha dado. Y con mis hijos, que siempre han sido mi mano derecha, las personas más cercanas a mi vida, bien, y siento que ahora me quieren más”.

Hace unos años usted hizo célebre la frase: “La mujer que me quiera, me tiene que compartir con un hombre”. Hoy, ¿cuál es su frase, y su explicación al respecto?

“Al respecto, de verdad, que le pido perdón a Dios por esa frase porque estaba en un mundo equivocado, estaba en el error y por eso no veía más allá de la realidad, de la cual hoy me encuentro gozando. Y la verdad me arrepiento de esas palabras”.

¿Qué le falta por hacer en esta vida, de qué otra cosa se arrepiente?

“Me arrepiento de no haber conocido a Dios mucho antes, pero solo sé que todo es en su tiempo y hay mucho para hacer: servirle a Él, a la gente. Hace poco terminamos un trabajo en la Cárcel Las Mercedes, patrocinado por la Cruz Roja, me sentí a gusto, y sentí también que las niñas que participaron en el curso quedaron muy contentas. Y eso quiero hacer, servir de una manera transparente a los más necesitados, los más vulnerables, y seguir en mi Iglesia.

Usted estuvo casado mucho tiempo con una mujer y tuvo hijos ¿Cómo fue esa experiencia y qué tiempo duró?

Esa experiencia duró muchos años, aproximadamente unos 18, y fue excelente. La verdad fue una gran mujer, una gran esposa, una gran amiga y haberme aceptado en mi condición me marcó mucho; la recuerdo con amor, mucha nostalgia (llora), pero así es la vida…”.

¿Cómo quiere que lo recuerden sus nietos?

“Yo quiero que mis nietos me recuerden con alegría, que me vean como su abuelo, un papá, un amigo, una persona de mucho afecto, mucho amor, y con mucho que aprender de mí”.

Su cambio en la vida tiene mucho que ver con su actual creencia religiosa ¿A qué religión pertenece?, ¿cómo fue ese cambio? y ¿cómo llegó a la religión?

“Llegué a la Iglesia de Dios Ministerial de Jesucristo Internacional porque tenía muchos problemas en mi vida: persecución, endeudamiento, tristeza, estaba muy agobiado por los problemas y conocí a una señora que me hablaba de la Iglesia, al principio no le hacía caso, buscaba a Dios por todas partes, pero no encontraba paz ni tranquilidad. Un día, me insistió, me vio muy triste, y me dijo: Jhon lo voy a llevar a la Iglesia, cuando guste. Una mañana amanecí muy triste, tenía muchos compromisos, me trataban mal los acreedores, los proveedores, me decían groserías, palabras horribles, y estuve a punto del suicidio, casi me mato. Bueno, pasaron los días y la compañera de trabajo me decía señor Jhon, que pena, yo lo llevo a la Iglesia. Ella simplemente se daba cuenta de mi estado de ánimo, pero no sabía lo que me pasaba. Entonces un día decidí y fui por primera vez. Comprendí que en la Iglesia donde voy habla Dios. Me tomó de su mano y me dijo que no me preocupara, que pusiera todo en sus manos y eso hice. Y hoy me siento feliz, liberado, porque tuvo piedad, misericordia de mí, me transformó, me quitó todas las cargas, y estoy arrendado en esta casa, en esta peluquería, donde trabajo y vivo, por promesa de Él”.

¿Después de todo lo que ha contado desea terminar sus días viviendo con una mujer?

“Sí, le pido a Dios que me dé una compañera, porque yo sé que vienen los años, mis hijos están organizados, y todavía me siento vivo. Tengo deseos de llegar a tener una esposa. Y esperemos en Dios a ver qué pasa, a ver si Dios me vuelve a dar esa bendición”.

¿Ahora cómo le debemos decir Jhon Bololó o Jhon Jairo Coneo?

Bueno, Jhon Bololó es algo que va existir siempre, mientras que Dios me dé la oportunidad de tener la peluquería, negocio y empresa, porque esa es mi marca, mi huella y mi sello. Pero me gustaría que la gente me llamara Jhon Jairo, porque Bololó es la razón social, y mi personalidad ya dejó de ser un bololó para ser Jhon Jairo Coneo Salas. Retomar a Jhon Jairo y dejar de ser un bololó de vida desordenada, de hacer cosas que no le agradan a Dios. Pero si alguien me dice Bololó no me enojo (…).

A punto de ahorcarse

Jhon Jairo Coneo Salas también le confesó a este medio que el 31 de diciembre del año 2016 estuvo a punto de ahorcarse.

“Me dije a mí mismo que después de las 12:00 de la noche, cuando mis hijos se fueran para la calle, me iba a matar. Todo lo tenía listo. Cuando ellos salieron decidí hacerlo, pero cuando estaba a punto de ahorcarme una hermana tocó la puerta de mi casa. Abrí y me dijo: vengo a quedarme contigo esta noche”.

“Cuando fui a la Iglesia por primera vez, un enviado de Dios, que tiene don de lengua, me habló y me dijo al oído: yo fui quien llegó a evitar que te mataras. Inmediatamente eso me impactó porque nadie lo sabía, solo yo. Por eso sé que Dios me habló”, expresó.

Hoy, en su peluquería, llamada Jhon Bololó, Jhon Jairo está tranquilo y feliz de que el bololó de su vida sea cosa del pasado, por eso le dijo adiós al vestuario extravagante para lucir uno acorde a su nueva personalidad.

Tomado de El Meridiano

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