Un colombiano con primaria tiene más riesgo de suicidarse o ser asesinado que un universitario

Dos investigadores colombianos presentaron estas conclusiones en la Conferencia Mundial sobre Prevención de Lesiones y Promoción de Seguridad 2018, que se desarrolló en Bangkok, Tailandia.

Ivonne Ordóñez, investigadora colombiana de la Universidad Nacional, lleva estudiando las tendencias del suicidio de Colombia desde el 2005, cuando estaba haciendo su maestría en salud pública. Antes de empezar la presentación de su poster de investigación durante la Conferencia Mundial sobre Prevención de Lesiones y Promoción de Seguridad 2018, que se desarrolló en Bangkok, Tailandia, lo primero que menciona es cómo el estudio de esta causa de muerte se ha enfocado mucho en los factores de riesgo desde el individuo y no desde las desventajas sociales en las que viven las personas.Ordóñez

“Se habla mucho de la salud mental y depresión, pero no de las variables sociales que tienen influencia sobre la tasa de suicidio”, comenta. Por esto, como parte de la investigación de doctorado que está desarrollando en la Universidad Nacional, quiso ponerle la lupa a cómo se relaciona el nivel de educación con el suicidio en Colombia, encontrando que la tasa es mayor cuando las personas tienen un menor nivel educativo.

Para llegar a esta conclusión Ordóñez analizó el número de suicidios en mayores de 25 años reportados en Colombia entre 1998 y el 2015: 24.654 casos. Casi 85% de los casos se trataban de hombres, mientras solo un porcentaje cercano al 15% se trató de mujeres. Igualmente, se encontró con que en el 48.5% de los casos se trataba de adultos jóvenes.

Casi 85% de los casos se trataban de hombres, mientras solo un porcentaje cercano al 15% se trató de mujeres.

Lo curioso, y determinante para su investigación, es que, al cruzar estos datos con el nivel de educativo de las personas, bajo un modelo de regresión estadística, también se dio cuenta que las “tasas de mortalidad estandarizadas fueron más altas en los grupos con el nivel educativo más bajo en ambos sexos y en todos los grupos de edad, excepto para las mujeres adultas mayores”. Es decir, tanto en hombres como en mujeres la tendencia es que las tasas de suicidio sean más altas cuando hay un nivel educativo bajo.

Para Ordóñez los resultados tienen todo el sentido, pues el nivel de educación es, tal vez, el determinante social que desencadena las distintas condiciones de calidad de vida: el enganche laboral, los recursos económicos, el nivel de autoestima, quiénes son los amigos e, incluso, los barrios por donde nos movemos.

Pero este criterio – tasas de suicidio más altas a menor nivel educativo – no solo se cumple con el suicidio, sino también con el homicidio. La investigación que presentó Iván Arroyave, doctor en salud pública de la universidad Erasmus MC, Rotterdam (Holanda) y profesor de la Universidad de Antioquia, en la misma conferencia, también se topó con una tendencia similar.

A pesar de que la tasa de homicidio en Colombia ha venido cayendo en los últimos años, sigue siendo una de las más altas del mundo, especialmente por la “cuota” de homicidios entre hombres jóvenes. Por esto, similar a lo que hizo Ordóñez, Arroyave se dedicó a analizar cómo evolucionan las desigualdades en el homicidio por nivel educativo, en mujeres y hombres mayores de 25 años, entre 1998 y 2015.

Así encontró que las tasas de homicidios eran más de doce veces mayores entre los hombres que entre las mujeres. Igualmente, que cuando las personas sólo tenían educación primaria se presentaban más homicidios que cuando tenían educación terciaria.

“Tanto para hombres como para mujeres, las tasas de homicidios entre aquellos con educación primaria y secundaria tuvieron un aumento constante con un pico en 2002, seguido de una reducción significativa a partir de este punto en adelante, mientras que las tasas de homicidios disminuyeron durante todo el período entre las personas con educación postsecundaria”, explica la investigación.

Pero en palabras de Arroyave es más sencillo de entender. Mientras en poblaciones con un nivel de educación terciaria el homicidio es similar al de un país desarrollado, en quienes sólo tienen educación primaria sigue siendo parecido al de un país subdesarrollado. Así es la magnitud de la inequidad.

Mientras en poblaciones con un nivel de educación terciaria el homicidio es similar al de un país desarrollado, en quienes sólo tienen educación primaria sigue siendo parecido al de un país subdesarrollado.

Tanto Ordóñez como Arroyave son conscientes de que este tipo de investigaciones no pueden ser un diagnóstico, sino que deben ser clave para las políticas públicas de salud en Colombia.

Ordóñez, por ejemplo, cree que las políticas dedicadas a la prevención del suicidio se han enfocado mucho en los factores de riesgo del individuo, “culpando a la víctima, cuando está claro que tanto la sociedad como el Estado tienen cierta responsabilidad”. Falta entender este fenómeno desde los determinantes sociales, como la educación, que pueden llevar a que una persona elija suicidarse.

Por su parte, Arroyave explica que las soluciones y los programas ya están allí, sino que falta enfocarlos a la población que está más en riesgo: es decir, los que tienen un nivel más bajo de educación.

“No son políticas nuevas: disminuir la inequidad social, aumentar la capacidad disuasiva del Estado y mejorar los entornos físicos es lo que sirve para disminuir las tasas de homicidio, y eso no es nada nuevo. Ahora, lo que se necesita es focalizar esos esfuerzos en poblaciones con un nivel educativo más bajo”, explica.

Una gran base de datos para saber por qué estamos muriendo los colombianos
Para llegar a estas conclusiones tanto Arroyave como Ordóñez usaron una base de datos que el primero lleva construyendo desde hace más de dos años. Con suministros de los registros de mortalidad y natalidad del Dane, Encuestas de Calidad de Vida de este mismo departamento, Encuestas Nacionales de Demografía y Salud de Profamilia, indicadores económicos y socioeconómicos del Departamento Nacional de Planeación y datos regiones del Ministerio de Salud y Educaciión, entre otros, Arroyave se ha dedicado a investigar varias tendencias que indiquen qué desventajas e injusticias sociales existen en la salud de los colombianos.

De hecho, el equipo de investigación que él lidera, Inequisalud, recibió financiación de Colciencias para averiguar más a fondo sobre cuáles son las desigualdades socioeconómicas en la mortalidad neonatal, así como en la salud de Colombia. Un proyecto del que no sólo se desprenden investigaciones como las que presentaron en Tailandia, sino que aborda otros temas como la esperanza de vida según el nivel educativo, el homicidio rural y urbano y el aseguramiento en salud, entre otros. Mañana el grupo de investigación presentará, en la Universidad de Antioquia, varios de los resultados que han adelantado.

*Esta historia fue posible gracias al apoyo del Safety 2018 Reporting Fellowship Program del Centro Internacional para Periodistas (ICFJ) y la Organización Mundial de la Salud, y Bloomberg Philanthropies.

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