Un pedacito de perejil en la sonrisa de la vaca

En tiempos de reinado y feria ganadera, se vive una gran fiesta, todo es alegría, ganaderos y criadores orgullosos de lo competitivo que son sus ejemplares, las reinas de cabelleras sinuosas cual coincidencia consentida, pasean por el Sinú junto a su comitiva real. Se vive un ambiente que contagia, un ambiente que nos sonríe, un ambiente que alimenta nuestro ego elevándonos al título de ganaderos o de creer pertenecer a una realeza cordobesa que no es tan real.
Lo que sí es real es la sonrisa de todo pueblo, una sonrisa que parece diseñada por el mismo Sergio Aruachan, una sonrisa que debería ser llanto por la pesadumbre que ha causado un puñado de ladrones del peso, ladrones que sin mascara ni antifaz, atracan sin armas a un pueblo cándido y confiado, arrebatándoles de la manera más vil el pan, sus aspiraciones y el fruto de un mal trabajo.
Ellos son ese pedacito de perejil verde que queda en el incisivo, desfigurando esa perfecta sonrisa que le mostramos al país y al mundo.
Ellos, los ladrones del peso juguetean con nuestra salud, nuestra educación, con nuestra ciencia tecnológica, con los bastones de los ancianos y nuestra riqueza cultural.
De niño temía al sigiloso nocturno que cubría su rostro, el de prendas desgarradas, el enmascarado, ese que robaba centavos. Hoy temo es a ese malvado ladrón del peso y no aquel indefenso que hurta centavos, ese que el hambre lo hizo pecar.
Mi temor es por su aceptación social, por la cualidad de cometer “simples errores”, por una “Honesta” corrupción que genera lastima colectiva.
Como el famoso “examen de abuela” estaba perdiendo validez y vigor, se estratificó al ladrón, se generó una cultura de reverencia y devoción a la mafia corrupta de dineros del estado y una tacha y señalamiento a los carteristas y rateritos de barrio ¿en qué se diferencia el ladrón del peso al ladrón del centavo? la generación anterior se hacían los de la vista gorda frente a los corruptos, esta los acepta y en algunos casos se solidariza, me preocupa que en la generación de los hijos que no tengo sea un requisito.
Quisiera poder escribir como pienso, pero las limitaciones de mi vocabulario solo me permiten escribir como hablo, pero no me impiden pisotear lo que creo que política y socialmente no es correcto, de tal manera que en esta feria ganadera mi interés estará centrado en el resultado de ordeño de las vacas que están en el coliseo, dejando a un lado y sin importancia alguna, la enemistad que me ganaré con las vacas sagradas de la realeza intelectual, social y política de córdoba (vacas de mala leche) que ordeñan los bolsillos, vaquitas que parecen ser antigua porcelana Bavaria contrabandeada, las que aún permanecen encerradas en elegantes vitrinas expuestas solo de adorno y lujo, esas que me generaron más de un regaño por parte de mi madre al pasar cerca o tocarlas.
Si eres una de esas vacas sagradas o te sientes parte del perejil que deforma sonrisa achántate el guante, de lo contrario ayuda a todo un pueblo a ser ejemplo de la región y no una vergüenza pública y nacional.
Admiro a quien consigue respeto, cariño, admiración y todo lo que desea con una sonrisa y no aquel que lo hace con un manojo de pesos mal habidos.

JOSE CARLOS NEGRETE ESPITIA
@josecarlosne

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